29 ene. 2013

Estudio logosófico del embustero

La “verdad” de los mentirosos 

Estudio logosófico del embustero 

Por: Carlos B. González Pecotche
Artículo publicado en Revista Logosófica en febrero de 1942 p. 15

La mentira es villana, cuando parece dar la felicidad la arre­bata. (1). 




El embustero, a pesar de ser un sujeto típico y clásicamente definido, logra las más de las veces, escurrirse hábilmente de las situa­ciones complicadas que él mismo provoca con su. acostumbrada mala fe. Es, por lo general, temido por la gente ignorante y aun por quie­nes prefieren el agravio a vérselas con tipos de esa calaña. 


Sin embargo, el embustero es el prototipo del cobarde y del trai­dor. Nunca ataca de frente; se esconde siempre en el anonimato para qué la luz no descubra su fatídica silueta y elude ágilmente los pre­ceptos de la ley. Identificado por entero con la mentira, la verdad es para él una ficción, haciendo creer con sutiles engaños, a los in­cautos y a los tontos, que lo que él dice, ésa es la "verdad". 

Está continuamente al margen de la realidad, á tal punto, que le sorprende haya seres que vivan con sensatez y rechacen al im­postor en sus pretendidos intentos. 



En sus acciones canallescas y delictuosas pone el mayor tesón en echar sobre los que utiliza como instrumentos, el peso de la res­ponsabilidad. A flor de labio tiene siempre la "palabra de honor" que empeña con la misma facilidad con que. la niega. 

Pasar por "hombre de bien" es su obsesión permanente. Inca­paz de la menor acción noble, puesto que es un ente sin honor, des­preciable por naturaleza, se desvive por lesionar la dignidad de los demás. 

Las inquietudes espirituales de estos sujetos consisten en usur­par bienes ajenos, títulos que usan ilícitamente y todo cuanto sea motivo de codicia para sus mentes extraviadas. Al final de sus aven­turas, estos pájaros de cuenta son casi siempre atrapados por la jus­ticia y puestos en lugar seguro. Lo curioso es que tras las rejas con­tinúan haciendo cálculos para sus futuras maniobras delictuosas, in­ventando nuevas mentiras y diciendo enfáticamente' y con gestos de desdén a sus guardianes: Nosotros defendemos a la sociedad con "nuestros nombres" y hemos conseguido al fin la dicha de ver entre rejas a todos. 

Conviene que los psiquiatras y jueces tengan presente esta clase de demencia que constituye todo un peligro para la paz social.

(1) Carlos B. González Pecotche, Axiomas y Principios de Logosofía, Tomo 1 

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