3 jun. 2013

Los Cultivos Mentales

Los Cultivos Mentales

Por:  Yandí Luzardo.



Sin duda alguna uno de los puntos más interesantes con que se encuentra el investigador cuando penetra en la fuente del saber trascendente, es el que se refiere a los cultivos mentales. El conocimiento que abarca la forma de llevarlos a cabo proporciona a quién está empeñado en optimizar su labor en el campo que fuere, las más grandes satisfacciones. 


Todo proyecto o idea de valía que aparece en el escenario mental, se convierte en algo así como en una simiente, en un germen, que para su eclosión futura necesita de un cuidado especial, como bien lo ha afirmado el autor de la Logosofía, el pensador Carlos González Pecotche

Muchos, al tener una idea luminosa, dan rienda suelta a la imaginación, que como bien lo ha mencionado el referido pensador, es una facultad mental que en su ejercicio desenfrenado parece ir a todas partes sin arribar a ninguna. 

Esto trae como consecuencia la frustración de lo que pudo ser un logro de valor para la vida. 

Otros creen que al trasmitir un proyecto a terceros, sin poner nada de su parte, facilita su realización, sin percibir quizá, que la energía que debieron utilizar en aquél se va por la boca perdiéndose esta última irremisiblemente. 

Por último no faltan quienes creen que confiando en el azar o por medios milagrosos, como podría ser el sacarse la lotería o hacer una petición a la Divinidad misma, alcanzarán la culminación de ciertos proyectos o deseos fervientemente anhelados. 

La semilla que siembra el labrador requiere de tierra fértil, del agua, como elemento vital, del combate a las plagas y la maleza que resta los nutrientes necesarios para el crecimiento de la planta; en una palabra, de todo un quehacer que se traduce en trabajo, constancia y conocimientos. 

En el campo mental sucede algo análogo; será preciso madurar el proyecto en constantes reflexiones, para que sin la presión del apuro o de la impaciencia, vaya tomando forma y concretándose paulatinamente en una realidad. 

Naturalmente que desde un inicio, como lo aseverara el pensador aludido, tendrá que pasar por el filtro de lo provechoso, factible y lícito, para evitar precisamente que se malgasten las energías en proyectos sin valor, que resulten inalcanzables o de dudosa validez moral. 

Luego habrá que hacer como el labriego con sus cultivos: una constante observación del desarrollo de aquél, para ir introduciendo los ajustes necesarios que determinen los imprevistos o las circunstancias. 

Pero sobre todo habrá que evitar todo pensamiento de impaciencia que malogrará con su presencia irremediablemente el cultivo mental, para lo cual se requiere conocer el tiempo exacto que demanda el proceso de realización, como sucede con el campesino que conoce el tiempo que necesita la simiente para que aparezca a flor de tierra.Un equívoco en esa apreciación determinaría el remover la tierra antes de tiempo perdiendo con ello la futura cosecha, como en el caso contrario, perder el tiempo esperando a que germinara la semilla cuando ésta ya se perdió. 

Una de las cosas que acostumbramos hacer cuando nos enfrentamos a determinado problema es el reunir el máximo de elementos de juicio y buscar la solución pero no forzando a la mente ni esperando que aparezca inmediatamente. El dedicarnos a otras actividades para volver al problema en forma reiterada y sistemática nos ha ayudado a sacar el mayor provecho de la actividad mental y ver coronado al fin por el éxito el esfuerzo en pos de la solución a dicho problema.

De esa manera la vida toma paulatinamente los cauces plácidos y gratos que la tornan fecunda y provechosa, siendo el resultado de todo ello la satisfacción de ver transformados en hermosas realidades lo que en un momento fueron ideas o proyectos de valía.

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