19 feb 2013

La Amistad

Sobre la Amistad
Por: Yandí Luzardo

Hemos afirmado reiteradamente que la amistad es uno de los valores esenciales del ser humano y en México asume un papel medular en el desenvolvimiento social y en las relaciones humanas en general. 


La amistad torna grata la existencia y es motivo de satisfacciones y alegrías que contribuyen a darle el encanto por la cual merece ser vivida y disfrutada plenamente. Sin ella la vida se torna gris y triste. 

Sin embargo existen ciertas normas que respetadas contribuyen a que se vuelva sólida y perdurable, convirtiéndose de hecho en un pilar que tarde o temprano resistirá firmemente los avatares de la existencia. 

Una de esas normas es el respeto; respeto a la forma de pensar y de ser de cada uno, respeto a criterios diferentes sobre tal o cual punto, partiendo del hecho como lo comentáramos anteriormente que es natural y hasta lógico que haya una diversidad de actitudes, posiciones u opiniones sobre diversas cuestiones. 

Naturalmente que una observación y análisis acucioso de las personas con quienes llevamos una relación amistosa, tratando de comprender su manera de pensar y actuar para lo cual colocarnos en su lugar nos será de gran ayuda, facilitará ese respeto y especialmente nos ayudará a ser más tolerantes con sus defectos, especialmente si recordamos el sabio axioma Logosófico que nos dice que "los errores de tu hermano sirvan para corregir los tuyos". 

Dicha enseñanza traslada la observación del error que vemos en otro hacia adentro, lo que paradogicamente en múltiples circunstancias nos permitirá visualizarlo en la propia psicología. 

Cuando esto ocurre, automáticamente nuestro juicio de los demás se vuelve más benigno y comprensivo, facilitando este procedimiento el entendimiento y armonía con los demás. 

Cuantas veces criticamos en otros los propios defectos, reflejando con ello el desconocimiento de nosotros mismos, siendo la consecuencia natural, la intolerancia y asperezas de toda índole con quienes nos rodean. 

El autor de la Logosofía dijo una vez que lo normal es que esperemos el noventa por ciento de los demás y se nos hace mucho dar el diez por ciento restante. 

Como la inmensa mayoría se encuentra en esa posición, la vida de relación se resiente y las dificultades, los desencuentros y la ruptura de afectos que parecían permanentes no se hacen esperar. 

La amistad requiere de una atención y un cultivo constantes, para que como las plantas crezca sana y de frutos y flores, que no son otra cosa que ese cúmulo de satisfacciones que brinda las diversas manifestaciones del sentir, cuando éste no está sujeto a las fluctuaciones temperamentales y a la influencia negativa de las propias deficiencias caracterológicas. 

Pero todo ello requiere de empeño, constancia y tiempo para que se vean los resultados. 

En suma, el día en que cada ser humano experimente la necesidad de modificar con esfuerzo y empeño la propia conducta sin esperar que cambie la de los demás, la humanidad entera habrá dado un gran salto en pos de la armonía y concordia universales y con ello este gran objetivo habrá dejado de ser un eslogan para convertirse en la más grata de las realidades.


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