23 dic. 2012

La Ley de Herencia


Sobre la Ley de Herencia

Por: Yandí Luzardo Alvarado


“El hombre será lo que quiere ser, si une a su saber y a sus fuerzas el conocimiento de la propia herencia”.

La herencia de sí mismo, Carlos B. González Pecotche.


El conocimiento del mecanismo de esta Ley, ligado plenamente al conocimiento de sí mismo, resulta medular para el aprovechamiento de nuestra propia herencia por un lado y por el otro, para edificar un destino mejor en el que muchos de nuestros anhelos más profundos se vayan convirtiendo en florecientes y hermosas realidades.


Lo que hoy somos es consecuencia, efecto, de lo fuimos ayer, sumado a lo hicimos bien, a lo hicimos mal y a lo que no hicimos.

Mañana heredaremos lo que hoy somos, sumado a las cosas que hoy hemos llevado a cabo en forma correcta o incorrecta.
Si esto lo llevamos hacia nuestro pasado y a los tiempos por venir, veremos proyectada en nuestra existencia la manera en que la Ley de Herencia rige la misma, incluso más allá de los límites que pudiera suponerse que acotan nuestro nacimiento y nuestra muerte física.


Este concepto tan simple y a la vez tan profundo de que hay una parte de nuestra herencia que rebasa lo que normalmente heredamos de nuestros padres e incluso del medio social en el que nos hemos desarrollado, cobra una importancia medular cuando no satisfechos con lo que hoy somos, queremos un futuro mejor, aumentando nuestro saber y siendo mejores en nuestra manera de sentir, de pensar y de actuar.

Gracias a la aplicación del método logosófico a mi vida,pude rescatar esa parte buena que toda persona sin excepción posee y que opacada por la inconsciencia y la acción de las propias deficiencias caracterológicas, llámese falta de voluntad, brusquedad, credulidad, desobediencia, desorden, hipocresía  irritabilidad, etc.,etc., constituye todo un tesoro, que permanece en gran parte oculto tras los pliegues de la propia personalidad que tanto daño nos hace al pretender aparentar lo que quisiéramos ser y no somos.

De manera entonces que la Logosofía nos lleva paulatinamente a rescatar esa parte buena, noble que tenemos para que se haga presente en nuestra conducta y heredemos un mejor concepto ante nosotros mismos y ante los demás.


Ya de por sí, este sería un logro muy valioso, pero sumado a esto, la realización del proceso de evolución consciente que tanto ha preconizado el Autor de esta nueva Ciencia, don Carlos. B. González Pecotche y que trataremos en otro artículo, nos permite ir agregando a nuestra herencia individual pensamientos y sentimientos de una mayor jerarquía que se reflejan en nuevas capacidades y virtudes, generadoras de una vida plena y feliz.

Como podrá percibirse la Ley de Herencia, guarda todo lo bueno y también lo malo que hemos hecho en el curso de nuestra existencia, aunque ilusamente haya quienes pretendan,- cuando  la suma del debe y el haber presenta números rojos-, que un tercero o quién fuese nos perdone nuestras deudas, fueren del tipo que fueren.

Es aquí cuando es oportuno citar otro punto medular de la sabiduría logosófica y es el concepto de redención.
Afirma el Autor de la Logosofía que el ser humano puede ser su propio redentor. ¿Cómo? Dejando de cometer errores y convirtiendo la vida en una sucesión de aciertos, hasta rebasar estos últimos el pesado lastre de las deudas contraídas en el pasado.


La Ley de Herencia se convertiría entonces en el justo e inexorable “contador” de nuestro estado de cuenta existencial…
  
“El desconocimiento de sus posibilidades y de los secretos que anidan en las profundidades de su alma, ha tornado al hombre escéptico con respecto a su propio destino.

Sepa él encontrar la clave de su evolución en la ley le proclama heredero de sí mismo y conocerá el porqué de las angustias que padece, acerca de lo cual no ha hallado aún explicación alguna que le satisfaga.” 

La herencia de sí mismo, de Carlos B. González Pecotche.

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