14/2/2013

El Temperamento Humano

Cuáles son los elementos constitutivos de la idiosincrasia humana: 

Artículo publicado en Revista Logosófica en agosto de 1941 pág. 19



¿Qué es lo que configura el temperamento? 


Fundamentalmente, todos los seres humanos responden a tres aspectos : el mental, el sentimental y el instintivo. Ellos son, según sus diversas variaciones y características, los que contribuyen a formar el temperamento humano. 



El primer aspecto —sin duda el más importante— está representado por la mente con todas sus facultades. Cada mente produce e irradia cierta clase de pensamientos que constituyen su objeto y predilección; éstos se multiplican o se eliminan, según la mayor o menor fuerza con que actúan dentro de la mente y, en consecuencia, sobre la voluntad del individuo. La calidad de los mismos se refleja en las acciones y procederes del hombre, dado que los pensamientos influyen en forma decisiva en sus actividades. 


En cuanto al segundo aspecto, para comprender mejor su naturaleza lo dividiremos en dos grandes órdenes: sentimiento común y sentimiento superior. El primero se reconoce en que es efímero, cambiante y de cierta efusividad en su expresión. Refleja corrientemente la condición mediocre del hombre, ya que responde a influencias externas; suelen motivar esta clase de sentimiento, los halagos de una fiesta, el griterío de una muchedumbre, el interés de un espectáculo vulgar y, en general, todo lo que está excluido del carácter inherente a la verdadera jerarquía moral e intelectual. Casi siempre inducen a hablar con exceso y a accionar en forma vivaz e incontrolada, llevando muchas veces a las personas a situaciones de las cuales deben disculparse después, manifestando haber dicho tales cosas o incurrido en tales tonterías porque estaban muy emocionadas. 



El sentimiento elevado tiene un origen más noble y esencial. Responde a un pensamiento superior que lentamente se ha ido transformando hasta condensarse en sentimiento; vale decir, se ha ido identificando con el ser hasta perdurar para siempre en la intimidad de su corazón. No se expresa por medio del bullicio ni la agitación irreflexiva; antes bien, actúa silenciosamente, pero con toda seguridad, siempre que se le depara la oportunidad de exteriorizarse en obras de real utilidad. El anhelo de ser mejor, el amor a Dios, la aspiración de ayudar al prójimo, son hermosos ejemplos de esta categoría de sentimientos. El tercer aspecto, o sea el instintivo, es el que habitualmente acumula más temibles confusiones. Proviene de la parte inferior de la constitución humana, y su influencia está representada en las pasiones. Es común identificar al instinto con la corriente genésica; mas, en rigor, como lo ha expresado la Logosofía, ésta debía constituir una línea intermedia entre la región instintiva y la del sentimiento superior. Si hoy día no sucede así, ello se debe a la relajación que a través de los siglos ha experimentado la raza humana, cuya sensibilidad natural está contaminada por el desenfreno del instinto. Para terminar, recordaremos que los tres aspectos de la idiosincrasia humana que acabamos de describir, están, como es lógico, íntimamente vinculados entre sí e interfieren sus influencias en la forma característica que, precisamente, configura el temperamento de cada uno.

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